y está recopilada en multitud de libros y otros soportes.
Luis Royo nace en 1954 en Olalla, un pueblecito de Teruel. Siendo niño se traslada a Zaragoza, donde cursa estudios de
Delineación, Pintura, Decoración e Interiorismo. A partir de 1972 empieza a pintar cuadros que expone en diversos foros. En 1979 inicia su
andadura como dibujante de cómic y no tarda en triunfar internacionalmente. Una muestra de estos trabajos, publicados en las principales
revistas del momento, aparece recopilada en los álbumes Luis Royo (Rambla, 1985) y Desfase (Ikusager, 1986).
En 1983 pasa a la ilustración, donde cosechará sus mayores éxitos. Lo hace de la mano de la agencia y Editorial Norma, que distribuye su obra
por todo el mundo. En 1992 aparece su primer libro, Women, al que siguen Malefic (1994), Secrets (1996), III Millennium (1998), Dreams (1999),
Prohibited Book (1999), Evolution (2001), Prohibited Book 2 (2001), Conceptions I (2002), Visions (2003), Prohibited Book 3 (2003),
Conceptions II (2003). A estos títulos hay que añadir la publicación de seis series de cartas para coleccionistas, cinco portafolios, pósteres
y un tarot titulado The Black Tarot. La creciente popularidad de sus imágenes hace que éstas puedan contemplarse también en postales,
calendarios, juegos de cartas, camisetas, carátulas de discos, videojuegos, alfombrillas de ordenador e incluso en alguna escultura.
Con ésta abundante producción, Royo se convierte en un auténtico fenómeno de masas. Sus libros conocen numerosas ediciones y se vierten al
francés, alemán, inglés, italiano, ruso y portugués. Revistas como Stampa, Airbrush-Action ó Penthouse le dedican reportajes en sus páginas.
Festivales, galerías de arte o tiendas especializadas organizan continuamente exposiciones y homenajes. Ha recibido entre otros, los premios
Silver Award Spectrum (Estados Unidos), CartooMics (Italia) El Peregrino (Rusia).
El éxito de Royo no es sino el reconocimiento de una obra original que ha venido a revolucionar el mundo de la ilustración. Especialmente
interesado por los temas fantásticos, también ha abordado otros ámbitos como el western, el pasado histórico o las portadas románticas. Pero,
más allá de los contenidos, su estilo, inconfundible, respira fuerza y al mismo tiempo irradia una frágil y casi mística transparencia. Su
tratamiento de la figura humana, especialmente de las mujeres, dota a los cuerpos de una contundencia que, lejos de resultar pesada, refulge.
Su manejo del color, desde las gamas más saturadas hasta los despojados contrastes de grises con algún toque de intenso cromatismo, contribuye
a crear ésa aureola de fascinación que invita a entrar en sus paisajes.
Pero el estilo de Royo, a pesar de mantenerse fiel a unas constantes, también refleja una clara evolución. Basta con hacer un recorrido
cronológico por su obra para comprobar las variantes que han ido refinando su estética y reforzando el tono cada vez más poético de sus
composiciones. La aparente sencillez de sus dibujos se sustenta en una compleja y muy estudiada trama de recursos. La permanencia en la
primera línea de la ilustración e incluso el incremento desus éxitos es el resultado de una constante, sutil y muy eficaz experimentación.
Royo ha hecho del mito de la Bella y la Bestia uno de sus principales motivos, llevándolo desde el horror has el lirismo. En cualquier caso e
independientemente del tema abordado, sus personajes se sitúan siempre a medio camino entre lo épico y lo erótico. Sus carnes están
atravesadas por el desafío maculadas por la amenaza, y por eso resultan mucho más excitantes. Y es que, como Royo muy bien sabe, el sexo
adquiere mayor lascivia cuando a su alrededor flota el fantasma oscuro de la muerte.
En la mirada de sus personajes hay un destello que los coloca al borde de la tragedia, como si desde su posición congelada atisbaran un
destino tan crel como atractivo. Aferrados a su arma, esperan el próximo ataque. Están tensos y por los músculos les corretea esa fuerza que
los hace más bello y dramáticos. Dentro de un momento puede que ya no estén y ahí y hayan desaparecido devorados por el peligro que les
acecha. Pero ese futuro inmediato ya no interesa a Royo. Él los retrata en ese penúltimo instante, el más revelador del alma del héroe.
Antonio Altarriba (escritor, guionista, catedrático y teórico de la imagen)
Libro Dead Moon
La obra más ambiciosa de Luis Royo. Un cuento fántastico de amor grandioso y brutal
Carátula del álbum
"Muerte y Vida" de Avalanch.
Libro Wild Sketches III
Concluye la trilogía que recoge más de 600 bocetos realizados por un inspirado Luis Royo,
recopilados y editados en un formato manga. A diferencia de lo que ocurre habitualmente,
los bocetos de Wild Sketches constituyen un trabajo en sí mismo, surgido de la improvisación
y la imaginación del prolífico autor.
NORMA
Espada Marto, La Elfa Negra
A los pies de las lejanas montañas, en los grandes bosques donde sus árboles son tan altos y sus ramas tan espesas que han pasado
cientos de años sin que ningún rayo de sol haya penetrado. Allí, en su interior, donde las ramas y raíces oscuras se retuercen sin hojas como
serpientes carbonizadas, habitan las elfas negras.
Cuenta una leyenda que, dentro de éstos bosques, se esconden desde hace siglos las jóvenes infectadas por la pasión y la sangre corrupta
del gran vampiro de los tiempos, y ocultan sus rostros enigmáticos y sanguinarios esperando sus víctimas.
Pero hay otra leyenda mucho más perdida en los tiempos que cuenta que, cuando elfas voladoras y blancas poblaban el cielo, algunas de ellas
cayeron al interior profundo y tenebroso de éstos bosques. Allí vivía y vive el gran Dragón Negro, ellas quedaron presas y hechizadas
por la mirada del dragón, sus alas se volvieron negras y tiñeron sus rostros de oscuridad, colgaron de sus caderas frías espadas de plata con
dragones tallados, y desde entonces han dedicado su vida a guardar al Gran Dragón.
Las elfas negras cuidan estos oscuros y brumosos bosques, y cada viajero que se pierde en ellos desaparece para siempre. Con su espada
atraviesan el corazón del visitante y beben su sangre.
Luis Royo
DOME
Sin duda, Luis se ha enfrentado a muchos retos a lo largo de su extensa trayectoria profesional,
pero pintar una cúpula le producía una sensación nueva, apasionante y única.
Supongo que tenía la impresión de que el fresco iba a perdurar más que cualquier otro trabajo realizado antes. Luis es un autor que
siente atracción por los desafíos, pero éste era muy especial,
y puedo asegurar que se ha entregado a él por completo durante los seis meses de 2006
que duró su gestación.
Rafa Martínez
Publisher
Luis y
Rómulo. Moscú, 2006.
Trabajo previo a la cúpula en Barcelona.
Fragmento del retrato de Jada Smith.
Convención Norwescon y premio. Seattle, 2007.
Libro Wild Sketches I y II
Nada de cielo gris, nada de melancólicas brumas. Ni siquiera un momento se me perdió la vista por la ventana, no sé cómo estában ni el
cielo ni la tierra, ni me importaba. Sólo pensaba en los cientos de hojas en blanco que estaban a mis pies desués de haber aceptado el reto de
Rafael Martínez, mi editor. Seiscientos dibujos me esperaban, dibujos salvajes hechos sin meditación previa.
Cómo recuperar aquello que casi había olvidado, aquello que existía cuando la adolescencia me hacía sentir cualquier cosa
convulsivamente. Cientos de hojas en blanco me esperaban.
El asfalto, los automóviles, las locas imágenes de televisión… ¿existen? ¿Qué dicen los demás? Hablan, rien. En mi estudio sólo hay
cientos de hojas en blanco.
Los lápices, locos, y los colores, cayendo por el tablero de dibujo. Todos estos dibujos tienen en común que están realizados de forma
salvaje, dejando que surhan inconscientemente línea a línea, que el lápiz vaya creando las formas y la anatomía.
¿Fantasía? ¿Qué fantasía? Incluso la temática va apareciendo y abrazando las líneas de forma rápida y subconsciente en estos cientos de
dibujos.
WILD SKEKTCHES que han hecho que, durante un tiempo no existiera nada más.
Muestra de productos Luis Royo.
Camisetas, puzzles, posters, encencedores, etc…
Libro Dark Labyrinth, 2006.
EPÍLOGO
Pero poco a poco entró en su propio laberinto y, conforme profundizaba, la oscuridad apareció en sus pinturas. Quiso dar marcha atrás y salir
de sus infinitos pasillos subterráneos, como hizo Teseo, pero en este viaje no existe el hilo atado al tobillo que te conduce a la
salida. Acabó sucumbiendo a las tinieblas acercándose peligrosamente y sin remedio al negro. El negro incisivo que nos desnuda.
Luis Royo
Salón del Cómic. Barcelona, 2006.
Con Rafael Martínez y Joan Clos firmando en el stand de Norma Editorial.
Exposición Salón del Cómic.
Festival de Cine Fantástico.
Cartel para el Festival de Cine Fantástico, Málaga. Recogida del Premio Unicornio de Plata. Luis Royo junto a Corey Sevier y Jeno Hodi.
Edición Japonesa del libro III Milennium
Modelos
Luis Royo con la modelo de La Reina Rata en Comicón, San Diego. Fragmento de la pintura.
Luzzie Strain posando en Los Ángeles y fragmento de la pintura.
Estudio de Barcelona
Luis, trabajando en su estudio de Barcelona.
XXV Feria Internacional del Libro de Santiago de Chile
Conferencia en la Feria del Libro de Santiago de Chile.
Portafolios Tattoo Piercing
Libro Subversive Beauty
El placer y la belleza como subversión, inlcuso del poder de las religiones.
El placer y su búsqueda como derecho del hombre.
El tatuaje y el piercing, aunque actualmente ya no represetan una subversión, nacieron con ese propósito, como una búsqueda de belleza
provocadora, un desafío al sistema y, en pueblos primitivos, un ornamento, un emblema o una provocación a otras tribus. El adorno del cuerpo
como búsqueda de una belleza personal e individualista.
Cuando se habla de la belleza en esta sociedad siempre aparece el concepto de tema liviano y poco profundo, cundo en realidad la belleza
es provocadora, es el alma del esplendor del hombre, ya sea buscada con un caracter realista o bien con uno más abstracto.
Conferencia en Buenos Aires, 2005.
Firma en el Centro Cultural Borges de Buenos Aires.
San Petersburgo, 2004.
Discurso de estatuas vivientes en San Petersburgo.
Entrada de la Exposición en San Petersburgo.
Con Rafa Martinez, después de recibir el Premio de Fantasía El Peregrino en Rusia.
Fantastic Art, 2004.
Libro recopilatorio.
The Labyrinth Tarot, 2004.
Libro y cartas de tarot.
Joyas
Joyas en plata III Millennium
San Diego
Sesión de firmas en el Stand Heavy Metal de San Diego
Conceptions, 2005
Libro Conceptions III, 2005
Libro Conceptions II, 2003
Libro Conceptions I, 2002
Estudio Aragonés
Visions, 2003.
Evolution.
Edición rusa del libro Evolutions.
Julie Strain de F.A.K.K.
Fragmento de la pintura.
Prohibited
Prohibited Sketchbook, 2004.
Prohibited 3, 2003.
Prohibited 2, 2001.
Prohibited 1, 1999.
Portafolios Prohibited Sex, 2003.
Daniel Torres, Miguelanxo Prado, Rafael Martínez, Alfonso Azpiri, Luis y Rafa Martínez
Recopilatorio Alemán
Portadas y Carátulas
Algunas carátulas de CD's de música, vídeojuegos y DVD's de Europa y USA.
Avalanch
Con el CD
de Avalanch
Chains
Portafolios.
Tattoos
Portafolios.
Premio MILLENNIUM, Milan, Italia
La Anunciación
Escultura 'La Anunciación'
Cards
Alguna colecciones de Cards
Frezzato, Juan Martínez, Miguelanxo Prado, Neil Gaiman, Rafa Martínez, Daniel Torres, Luis Royo, Óscar Valiente y Arman.
Dreams, 1999
Edición alemana.
Malefic
Espada Malefic. Heavy Metal.
The Black Tarot
The Black Tarot y Baraja de Poker
Viñetas desde o Atlántico
Exposición.
III Millennium
Portafolio.
Warm Winds
Portafolio.
Fragmento homenaje a Laetitia Casta.
III Millennium, 1998.
Libro.
Comicón, San Diego
Con Julie Strain firmando en Comicon, San Diego y conferencia.
Dibujos Rápidos para Julie, acompañados de Gil Bruvel, Kevin Eastman y Rafael Martínes, California.
Premio Silver Award Spectrum. The Best in Contemporany Fantastic Art. EEUU.
Libros Europeos
Algunas de las portadas de ediciones europeas de los años 90.
Secrets, 1996
Libro
Última reedición en USA.
Varias portadas de libros USA de los años 90
Penthouse USA, 1995
Portada para Penthouse.
Cuento ilustrado 'El Principe Azul', Penthouse.
Malefic
Edición rusa del libro.
Edición italiana.
Revistas
Algunas portadas de revista de los 90.
Tattoo Piercing
Women, 1992
Edición francesa
Años 80…
Portada revista.
Videojuego.
Primer estudio
Luis Royo en su primer estudio.
Revistas Algunas portadas de revista de los años 80
Libros europeos
Varias portadas de libro europeo en los años 80
Libros USA
Varias portadas de libros norteamericanos de los años 80.
Entrevista Playboy España
Cómic
Cómics de principios de los 80
Cartel
Vía Sacra
Fragmento de la cúpula.
Libro Antonio Altarriba
Una de las ilustraciones del libro sobre literatura potencial de Antonio Altarriba.
Luis Royo
Años 70
Pintura de los años 70.
Exposición en los años 70.
Un recopilatorio es un buen lugar para intentar explicar el porqué y el cómo de todo este trabajo, y creo que quien
ha llevado a cuestas estos sueños y fantasías podrá deciros algo sobre el tema. También es cierto que alejarse de uno mismo y observarse como
un insecto pinchado en un alfiler resulta complicado. Pero haremos un esfuerzo. Quizás en forma de cuento sea la mejor manera de salir
unos instantes de uno mismo y poder llegar incluso a los orígenes.
EL NIÑO DE LA VENTANA
Era un país gris, con largos inviernos, con las caras y estómagos tristes y los abrigos pelados y mustios de una posguerra.
Un niño que acababa de cumplir siete años descubrió ese día su existencia. Acababa de mudarse de casa con su familia. Su hogar hasta ahora
había sido un entresuelo de un viejo edificio, en el casco antiguo de la ciudad. Era húmedo, con una sola ventana que daba a un pequeño patio
de luces. Un lugar del que no encuentra ya en su madurez casi ninguna imagen agarrada al recuerdo. Aquel día de su séptimo cumpleaños se
trasladaron a la vivienda de una portería, un octavo piso en un barrio nuevo. Era un pequeño piso de no más de 30 metros cuadrados, pero al
entrar a una de las habitaciones descubrió una ventana por donde llegaba la panorámica de casi toda la ciudad. En ese momento, con los ojos
perdidos en el horizonte, fue consciente de su existencia.
Fue un día grandioso, pero la noche se cobró su revancha y recordó los ventanales de la escuela llenos de saetinos que daban al patio de
recreo y que dejaba atrás. Unos ventanales donde, junto a otros niños, calcaba figuras. Aquella maestra, a la que no le gustaba el
esfuerzo de enseñar lecciones y los entretenía dándoles un dibujo y una hoja en blanco para calcar, era para el niño de la ventana una Diosa.
Pasaba hora tras hora junto a sus compañeros, pegado al cristal, y nunca se había sentido tan bien como en aquellos ratos que veía aparecer en
las hojas en blanco una figura tras otra, naciendo del lápiz que movía con sus dedos. Cada mañana, le llevaba en secreto el caramelo que le
compraba su madre para que no llorara al ir al colegio. Le regalaría el mundo entero a aquella Diosa que sabía cómo hacerlo feliz.
Los años pasaron con los ojos colocados en ese horizonte urbano, revoloteando por los puntos oscuros de las miles de ventanas de la ciudad,
incluso inventando personas y mundos imaginarios para cada uno de aquellos puntos negros. Llegó la adolescencia y esa juventud que buscaba
cada sábado que su cabeza estallara con la música. Una de aquellas noches, cuando ya la vieja discoteca comenzaba a quedarse vacía, sentado en
un rincón con los ojos ensangrentados por el alcohol, se le recortó entre los muros y las luces multicolores de la pista una ventana que
despertó todos sus anhelos. En el centro de esa ventana, una muchacha de no más de dieciséis años bailaba al ritmo de la música, y su cortito
vestido de campana descubría con los movimientos un poco de sus braguitas blancas. De nuevo, el mundo apabullante le llegaba por una ventana,
aunque esta vez fuera una ventana de luces psicodélicas. Pasaron meses de insistencia y conquista, hasta que un día formó pareja con la chica
de las bragas blancas, y después de rodar por buhardillas sin ventanas, con la dedicación constante de llenar de dibujos y pinturas los
blancos de cientos de papeles y lienzos, llegó un hijo, y tuvieron que ir a parar a un pequeño piso de los barrios más lejanos, ya al límite
de la ciudad. Allí, de nuevo, una ventana le devolvió al mundo gris, cuyo horizonte estaba silueteado de talleres y chimeneas. Colocó un gran
lienzo en la habitación, dibujó una retícula en el cristal y, como cuando era niño, calcó y pintó en gris la triste ciudad. A su hijo, que iba
creciendo poco a poco, le colocó una pizarra en la pared, para que también fuera imaginando, y ambos pasaron años en la habitación de
tres ventanas: la real, con vistas de humo de chimeneas de fábrica; la blanca del papel para la fantasía; y la negra de la pizarra para el
emerger de la potente imaginación de un niño.
Los dibujos y pinturas fueron llenando cajones, y los lienzos apilados dejaban cada vez menos espacio libre en aquella casa. Un día, aquellos
dibujos comenzaron a aportar dinero a la familia, y así pudieron cambiar de residencia, para vivir cerca de una playa y poder ver en el
horizonte cómo el cielo besaba a la mar. Pero ya los ojos habían perdido la capacidad de mirar tan lejos, pues se habían acostumbrado a vivir
atrapados en los papeles y lienzos blancos, obsesionados en convertirlos en miles de imágenes que ya se publicaban en diferentes lugares. La
ventana era ese papel en blanco que le podía transportar una y otra vez a universos imaginarios y le permitía vivir una fantasía tras
otra.
Asfixiado sin saber por qué, volvió a su ciudad, con las ansias locas de vivir en un piso alto desde donde pudiera volver a encontrar el
horizonte de la infancia y alimentar de este modo su retina. Aquella nueva ventana le llenó de paz, aunque por poco tiempo. Volvieron a pasar
largos años al pie de esa nueva ventana que no supo revivirle los sueños de la infancia, y siguió convirtiendo en ventanas los papeles
blancos. Los sueños de papel se iban sucediendo, y pasaba cada vez más tiempo dentro de ellos que fuera. El horizonte real se hizo más
borroso.
Una mañana, se asomó por la única ventana que nunca le había dicho nada en especial: el espejo del baño. Descubrió frente a él a un hombre
canoso, ojeroso y casi viejo. Cogió las maletas y fue a una playa cálida y calmada de mares lejanos. Allí, mientras dibujaba unos bocetos
sobre uno de sus inseparables papeles, alzó la vista y vio de nuevo el horizonte, aquél que descubrió en su séptimo cumpleaños y que había
perdido tantos años atrás. Se dio cuenta de que, de nuevo, estaba frente a una ventana, una inmensa ventana de luz en uno de esos rincones
irrepetibles, y vio el cielo y el mar por primera vez. Aunque lo había mirado cientos de veces antes y en diferentes lugares, nunca lo había
visto. Se dejó inundar por aquella ventana inmensa, guardó sus pequeñas ventanas de papel y, por unos momentos, se dejó embriagar, confundido
por ese horizonte. Sabía que ya para siempre viviría en la punzante duda de a qué ventana asomarse cada instante.
Después de este pequeño cuento que habla el otro lado de la vida de un ilustrador, es decir, de su parte más íntima, enfrentémonos ahora al
difícil dilema de la utilidad, la intención, la definición, incluso del sentido de lo que llamamos ilustración. En otros libros ya he
comentado que prefiero el nombre antiguo de “iluminación”, e incluso creo que se podrá entender mejor esa preferencia con la alusión anterior
a las ventanas.
He oído y leído cientos de opiniones sobre qué es el arte, a cientos de artistas hablar sobre ello, cientos y cientos de palabras sobre el
tema, desde las más frías y calculadas hasta las más apasionadas. Apabullante.
¿Qué decir sobre este tema que tenga sentido? Yo solo puedo hablar de una pequeña ventana blanca de papel que me llama y me dice: “¿Qué
quieres que te enseñe? Ábreme con tus pinceles y pigmentos y dime qué ves”. Lo cierto es que nunca me enseña lo que realmente quiero ver, pero
quizás lo hace con picardía, para que tenga ganas y entusiasmo para abrir otra ventana. ¿Qué importan los conceptos y lo que llaman arte? Una
ventana en blanco me espera cada mañana en el tablero de dibujo, y el niño de la ventana quedaría ciego por las lágrimas si no la encontrara
cada día. Quiero decir también que es gratificante ver cómo miles de hombres y mujeres han dedicado su tiempo a convertir un espacio en blanco
en otra cosa. ¡Qué búsqueda más apasionante! Las propuestas han sido infinitas, desde las más asépticas de “Pintura 135” hasta las más
emocionantes de “Niño comiendo una sandía”, o las más provocadoras de “Silla eléctrica”. No puedo poner comas ni puntos, ni defender este arte
o aquél, ni hablar de divisiones o aportaciones. Sólo veo miles de ventanas y algunas son maravillosas.