MALEFIC TIME Luis Royo - Rómulo Royo
Rómulo Royo creando Demonio para TIME - Malefic
MALEFIC TIME
1992 Es la fecha de nacimiento de este personaje.
En 1993 apareció por primera vez en un libro de ilustración
que ya llevaba el nombre de Malefic, únicamente está representado
en cuatro ilustraciones, pero su atmósfera está en el contenido del libro.
En 1995 Malefic apareció solamente una vez en Secrets.
En 1997 en III Millennium, en vez de aparecer el personaje,
es parte de su mundo el reflejado en sus imágenes.
Personajes alados, New York deteriorada, etc.
Luz es una joven de largos cabellos blancos y Malefic una extraña reliquia en forma de espada.
FRAGMENTO DE LAS NUEVE CABEZAS DE SERPIENTE
Nueva York, 15 de agosto, 2029
Cuando llegaron al almacén donde habían compartido tantas horas juntos, Mammón fue encendiendo las docenas de velas repartidas por el suelo como la noche que se fue. Una noche lejana, mas oscura de lo normal en la que el maestro barrió el suelodel almacén y lo llenó de velas que brillaban como estrellas caídas y esparcidas sin orden  por toda la estancia, ya el día había sido extraño, sin clases marciales ni de espada, sin aprendizaje de textos ni comentarios. Todo el día lo había pasado sentado como un yogi en el centro de la sala, nada mas levantarse Luz, que ya tenía trece años, Mammón le pidió que se bañara y purificara en la bañera cochambrosa de patas de león que había en un rincón y que usaban para la higiene, que permaneciera en ella todo el tiempo posible y que sus pensamientos viajaran a las nubes y les acompañaran. Él no cambió de posición en todo el día y ella respetó como siempre su meditación, observándolo por el rabillo del ojo, era todo lo que tenía. Un gran maestro paciente y sabio, un maestro que atendió también a su madre hasta que murió. Era todo lo que quería, excepto aquella espada corta sin casi adornos que se había convertido ya en la prolongación de su brazo.
Llegada la noche el maestro después de encender las velas, preparó una cena de trocitos de carne llena de especias y una bebida amarga para pasarla. Cenaron en silencio, ella sin perderle de vista, todo aquello era especial y sabía que algo se iba a desvelar en tan extraño día.
Le dijo que había llegado el momento de caminar sola, de atravesar el desierto de la vida, que aunque era una niña, ella era especial y su momento de preparación bajo sus pautas había terminado.
Prepárate tú misma mientras, haz que se cumpla el destino...

Fragmento de DEAD MOON Epilogue :
Había un lugar en Louyang que nadie visitaba por pertenecer a los fantasmas del pasado y del futuro, era el pequeño islote que estaba en el centro de la bahía, y en él siempre hubo una pequeña ermita semiescavada en la tierra, un lugar solitario que nadie sabía quien había construido. Solo la vieja Can se atrevía a frecuentarla, se refugiaba en ella largo tiempo mientras le esperaba el marinero con su pequeña barca en la orilla, una de las paredes de piedra estaba pintada por completo con signos indescifrables, signos de antiguos chamanes. Un año antes de la invasión Chan y el terremoto, Can Fue tejiendo con ayuda de otras cuatro brujas un tapiz con docenas de fajas verticales oscuras punteadas con blancos de luz, parecían grandes enjambres de abejas, en la parte baja representó hombres diminutos y bajo ellos el mar, luego bordaron un rótulo “la nueva ciudad vertical”. A su vez la vieja Can talló también con la ayuda de las brujas una figura que representaba a una muchacha de largos cabellos blancos, con una espada de donde salían nueve cabezas de serpiente en su empuñadura, en la base de la figura rotuló en oro “luz de luna”, esté texto se ha comentado con el tiempo que por el orden de las palabras, no se refería a la luz de la luna, sino al príncipe de la Luz, Lucifer femenino por obra de la Luna, Luz nacida de Luna. En el castillo You estaban acostumbrados a los hechizos y rituales secretos de Can, aún así, cuando se llevó el tapiz y la figura a la pequeña ermita del islote intranquilizó a los súbditos, incluso a brujas y hechiceros. Un día antes de llevarlos Can preguntó a la princesa frente a la figura femenina: ¿Te reconoces?, Luna hizo un gesto de negación, sus facciones no tenían ningún rasgo oriental, la vieja Can la miró fijamente y le dijo: Es la Luna del futuro.
Los trovadores del inframundo también dieron noticia de aquella figura y el tapiz, y mucho tiempo después y lejos de allí, a finales del siglo pasado, en la ciudad de Kowloon, a la entrada de uno de los barrios mas antiguos y herméticos, había otra gran figura policromada de una joven sin rasgos orientales y con cabello largo y blanco, no se si aún estará en el lugar.
Fragmento MALEFIC TIME
Recordaba el primer viaje que atravesó el océano. La primera vez que veía Nueva York. Mientras lo sobrevolaban, antes de aterrizar, contempló sus descoloridos y patéticos rascacielos. Atrás quedaba la vieja Europa.
Sobre todo París donde nació y pasó sus primeros años, aquel París que era casi fantasmagórico, con calles enteras desabitadas y su diezmada población huraña y esquiva replegada en torno a Mont Matre, en la zona alta. No creo que pasara de un millón de habitantes en los momentos que dejó la cacareada ciudad del amor. Toda Europa había quedado despoblada, toda Europa era un lugar triste, todas sus ciudades habían perdido el brillo de antaño. Milán, Florencia, Moscú, Barcelona… todas eran ciudades grises con la población disminuida. Algunas habían construido fortificaciones en torno al casco antiguo o eran ciudades sin ley saqueadas casi por completo y con sus incontables obras de arte desperdigadas. La vieja Europa estaba sumergida en una nueva época feudal. Las pequeñas poblaciones eran lugares fantasmas, excepto algunas cuyos habitantes se habían atrincherado como numantinos. Algunas se habían poblado de seres extraños y misteriosos, y otras se rumoreaba que estaban habitadas por espectros y muertos que habían vuelto a la vida. Las agrupaciones en las iglesias, los rezos, los cánticos, los lamentos y los exorcismos resonaban por todos los rincones de la antigua Europa.
El avión tomó tierra y las dos figuras recogieron su escaso equipaje. Eran, un hombre de unos 60 años, muy alto, pasaría de los dos metros, con piel arrugada y curtida como un pergamino, pero fibroso, con delgados músculos tensos como si fueran cuerdas de guitarra, su mirada era inquieta, penetrante y poderosa, y sus ademanes eran lentos y precisos como los de un místico. De la mano prácticamente colgaba una niña de unos diez años, rubia, delgada, una niña que desprendía una energía extraordinaria por unos ojos llenos de incertidumbre y a la vez de rabia. Las calles de Nueva York estaban también casi desiertas, sus gentes se habían agrupado en zonas salpicadas por la ciudad, como quistes aislados. Ellos se instalaron en el antiguo Soho, en un destartalado almacén. No estaban mucho mejor las cosas allí que en Europa, de vez en cuando se oía el estruendo de fachadas que se desmoronaban, las calles estaban llenas de escombros, casi no había vehículos por las principales avenidas. Los subterráneos del metro estaban más transitados, pero también llenos de riesgo. El mundo había cambiados mucho en estos cinco últimos años, desde el 2012 todo había comenzado a desmoronarse. Pero para Mamón, el hombre de la piel dibujada y arrugada como un mapa con relieve, su principal misión era preparar y educar a esa niña de largos cabellos plateados, como si de ella fuera a depender el futuro. Todo su entorno parecía no importarle ni sorprenderle.
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