Si el arte del s. XX ha sido prolífico en aventuras y tendencias, por su sentido purista y por su riqueza multidisciplinar, el arte del s. XXI, por su propia indiosincrasia y por su singularidad, no podía ser menos.
Son muchos los artistas que, por una serie de razones conyunturales, están vinculados a caballo de las dos centurias: por edad, por formación, por criterios, por preferencias, etc. Y son muchos, también quienes, aun concediéndose esta libertad de acción, siempre abierta, siempre discutible, han sabido valorar y considerar a su debido tiempo el pasado o, mejor dicho, el legado histórico-artístico que, de una manera u otra ha sabido darles todos aquellos puntos de referencia que les eran necesarios. El caso de R.R. el que nos ocupa, no podía ser una excepción.
R.R. (Zaragoza, 1976), por su formación y a juzgar por su formidable currículum profesional, no es un artista cualquiera. R.R. es un artista que, por sus cualidades, por su talento, por su manera de trabajar y por sus méritos, que han de ser muchos, está llamado a formar parte de la primera generación, la suya, del s. XXI, en todas sus características y consecuencias.
Habiendo estudiado a fondo a los maestros del pasado (M. Ángel, Mondrian, Klee) y del presente (Tapies, Barceló), R.R. ha sabido conjugar a la perfección este sentido plástico figuración-abstracción dotándolo de un lenguaje expresivo tan intenso como emotivo, a pesar de su gestualidad dura y de la intensidad de algunos de sus tonos.
Su informalismo juega y combina a la perfección la materia, una materia que manipula por medio de múltiples procedimientos: óleos, acrílicos, materiales extrapictóricos, collages, fotografías, etc. Una materia densa, efectiva, de sello personal y nada gratuita. Sin concesiones.
El informalismo de R.R. es un informalismo abierto a toda experiencia y a todo conocimiento, válido con la intensidad y la emoción que le son propios y que son conscientes de su capacidad de traspasar aquellos límites defendidos desde la tradición.
La obra de R.R., en su peculiaridad, en su subconsciente en el que da cabida a toda manifestación posible (literatura, fotografía, cine, video clip, cómic, etc.) nos habla de dos vidas (la vida real, la vida imaginaria) en todas y cada una de sus vertientes.
R.R. nos habla de costumbres sociales, de fiestas populares, de ritos ancestrales. Todo ello ¿por qué? Porque estas vivencias también son aspectos culturales que no deberíamos perder; sobre todo si su sentido puede ser capaz, todavía, de aportarnos valores que la mal llamada < modernidad > puede hacer desaparecer dentro de un período no muy lejano.
Que el público observe con atención la exposición así como la lectura de sus títulos. Que los observe con detenimiento, con curiosidad, con deseo, son obras que, por sí solas, nos están dando una auténtica lección de estética, de literatura, de poesía y, lo que más importa, de humanidad.
Jaume Soler i de Magriñà
Historiador
22 de marzo de 2001